Los 24 pueblos medievales más bonitos en España - Esto es genial!!

Los 24 pueblos medievales más bonitos en España

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Los 24 pueblos medievales más bonitos en España

Besalú

Fuente: funkyfrogstock / Shutterstock

El orden social y económico medieval dio como resultado un tipo de ciudades y pueblos que hoy tomamos por encantadores. Eran núcleos compactos y amurallados levantados en torno a la iglesia, la plaza del mercado y el castillo, si lo había.

Las calles eran estrechas, lo justo para que pasaran carros y carretas, y los gremios de artesanosconformaban los barrios (o burgos). Todo tenía su lugar y todos tenían su rol en torno al eje amo y sometido. Ni se nos ocurren las calles de barro, sin alcantarillas y los paseos de animales de granja o el de los látigos del señor feudal.

No sabemos qué tienen las ciudades medievales. Un poso de leyendas, aromas, tradiciones. ¿Qué? Y aunque no cambiaríamos nuestra vida por la de aquellos, el encanto medieval nos atrapa.

Siempre se me ocurre la misma ilógica pregunta: si el feudalismo fuera el orden del s. XXI y nuestro mundo fuera el del XIII, si todo el avance tecnológico y científico se replegara, si ellos vivieran ahora y nosotros antes, ¿admirarían nuestras ciudades y formas de vida como admiramos nosotros estos 25 pueblos medievales?

1. Tossa de Mar (Girona)

Tossa de Mar

Fuente: funkyfrogstock / Shutterstock

Tossa de mar es el único ejemplo de poblado medieval fortificado que aún pervive en el litoral catalán. La muralla se levantó en el siglo XIII. El castillo no permanece y en su lugar se yergue el faro. Es curioso: donde antes se rechazaba con las armas hoy se acoge con la luz. Además de las playas y las tres torres, encontraréis satisfactorio caminar por callecitas estrechas. Por allí, durante el auge de Tossa en los siglos XV y XVI, se agrupaban unas 80 casitas y sus microhistorias.

2. Besalú (Girona)

Besalú

Fuente: funkyfrogstock / Shutterstock

El último fin de semana de agosto se celebra el festival medieval de Besalú. Un éxito. Es difícil encontrar una población medieval tan bien conservada. En brevísimo espacio se articulan templos, construcciones civiles y todo un patrimonio de la comunidad judía medieval de Besalú. Durante el festival hay batallas, artesanos, grandes cenas, espectáculos. Una propuesta de inmersión total en el medievo.

3. Albarracín (Teruel)

Albarracín

Fuente: Iakov Filimonov / Shutterstock

Buceando en la etimología emergen pequeñas joyas de información de la historia de Albarracín. Aquí se asentó en el siglo XI un grupo musulmán, perteneciente al linaje de los Ibn-Racin. El Castillo de Albarracín fue entonces la alcazaba de los Razin. El pueblo también conserva todavía la torre del Andador y la disposición original de la villa. Albarracín no perteneció a la Corona de Aragón hasta el siglo XIV. El sistema defensivo visible es la consecuencia de la tensión bélica constante que sufrió.

4. Aínsa (Huesca)

Aínsa

Fuente: Joseph Sohm / Shutterstock

Al principio fue un castillo. Más tarde la muralla, la capitalidad del condado de Sobrarbe y finalmente la anexión al Reino de Aragón. Al parecer, Aínsa, además de ser un pueblo hermoso, jamás fue conquistado por los musulmanes. Tan combativa fue, que incluso su iglesia se concebió también como un templo defensivo con arqueras (desde donde disparar flechas o lanzas). Aínsa es Conjunto Histórico Artístico desde 1965: castillo (XI), muralla, puertas, iglesia (XII), casa Arnal y casa Bielsa (XVI). Y el paisaje.

5. Peratallada (Girona)

Peratallada

Fuente: Marques / Shutterstock

Peratallada es uno de los pueblos más recomendables para admirar la arquitectura medieval de Cataluña. Pertenece al término de Forallac. Las casas de piedra vista, con las puertas de madera que dan acceso, o salida, a calles estrechas, tortuosas muchas veces. Deriva de las palabras petra scissa, “piedra tallada”. Podréis admirar la torre del Homenaje del castillo-palacio (siglos XI-XIV), las murallas (siglos XII- XIII) y la iglesia de Sant Esteve (s. XIII).

6. Ávila

Ávila

Fuente: Johnny Dao / Shutterstock

Ávila es una ciudad, sí, pero tiene un pasado medieval irrenunciable. La tierra de Ávila fue fronteriza, tierra de nadie, durante la época de conquista musulmana de la Península. Raimundo de Borgoña, emparentado con el Rey Alfonso VI de León y de Castilla, repobló estas tierras en el s. XI y las afianza fortificando la ciudad. La muralla imprime carácter. Y es el símbolo de Ávila. Durante el s. XIV, la muralla tuvo foso y puentes levadizos.

7. Santillana del Mar (Cantabria)

Santillana del Mar

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Santillana del Mar creció durante la Edad Media al amparo de la colegiata de Santa Juliana, Sant Iuliana, de donde le viene el nombre. Fue uno de los lugares de paso del Camino de Santiago, una auténtica vía de comunicación, comercio y transmisión de conocimiento. La abadía llegó a convertirse en la más importante de aquella Cantabria medieval para luego depender, en el s. XII, de la diócesis de Burgos. En el s. XV se nombra al primer Marqués de Santillana. Sea como fuere, Santillana del Mar ha quedado como una localidad preciosa que conserva con orgullo su patrimonio histórico.

8. Ronda (Málaga)

Ronda. Málaga

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El periodo islámico medieval de Ronda destaca por el legado cultural que se mantiene aún en las tradiciones, en los sistemas de cultivo, en la gastronomía o en el urbanismo. Es decir, por su intensa influencia. Ronda llegó a ser capital de Takurunna (una de las provincias en que se dividió al-Andalus). El papel de Ronda durante el reinado nazarí de Granada fue esencial como paso fronterizo. Sin embargo, los monumentos más significativos que admiramos hoy en Ronda, el Puente Nuevo o la Plaza de Toros, son del s. XVIII.

9. Bárcena Mayor (Cantabria)

Bárcena Mayor

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Bárcena Mayor está en la Reserva del Saja, un área natural y pintoresca de montaña. La montaña, más que la época, ha sido lo que más influyó en este pequeño y pintoresco pueblo. Aquí se vivió y se vive con el ritmo del cultivo de los campos, de la estaciones y el ganado. Hoy se venden como souvenirs representaciones artesanales de yugos, zuecos o cestas. Las casas típicas, los balcones de madera, tradicionales y floridos, las calles empedradas. Apenas hay noticias de la actividad medieval de Bárcena Mayor, pero es de suponer que prosperaba: los documentos del s. XVIII certifican casi 200 casas en el lugar. Que la Historia pase desapercibida para la mayoría ha permitido conservar su patrimonio.

10. Frías (Burgos)

Frías

Fuente: Vector99 / Shutterstock

La primera noticia documentada de Frías data del siglo IX, uno de tantos núcleos aparecidos durante la ocupación del Alto Ebro durante la lucha de Navarra contra Castilla. Sí, frías perteneció al Reyno de Navarra. Su nombre deriva de “Aguas Fridas” y, al parecer, el auge y protagonismo de Frías le llegó en tiempos de Alfonso VIII (s. XII). Elevada, estrecha, vigilante, Frías parece eterna.

11. Olvera (Cádiz)

Olvera

Fuente: Jose Ignacio Soto / Shutterstock

En Olvera hay recovecos propios de los entramados de callejones. También hay fachadas de casas señoriales y pequeñas plazas y albarradillas (terrazas para alivar las pendientes) a los pies de el castillo y la iglesia arciprestal de Nuestra Señora de la Encarnación. Todo blanco. Su origen data del s. XII, durante el periodo nazarí, en torno al castillo árabe. La villa se extiende siguiendo los niveles de la pendiente, entre curvas y plazas.

12. Olite (Navarra)

Fuente: Pedro Rufo / Shutterstock

Fuente: Pedro Rufo / Shutterstock

De Olite medieval nos quedamos con el famoso palacio fortaleza, el rastro de la judería y la Orden de San Antonio Abad. La Casa, el Monasterio y el Hospital pertenecieron a los antonianos de Olite, una villa que en el s. XIII contaba con 5.000 vecinos y tierras de cultivo propias desde que le otorgaron el Fuero de los francos de Estella. La judería, adyacente al palacio real, tenía sinagoga (desaparecida) y en torno a 16 familias. Formaban parte de los artesanos, médicos y prestamistas. A finales de la Edad Media, en torno al s.XV, los reyes de Navarra reconstruyen el Palacio Real de Navarra y la tomaron como una de sus sedes. Aquella Olite fue esplendorosa.

13. Priego de Córdoba (Córdoba)

Priego de Córdoba

Otro pueblo blanco de Andalucía, una de las joyas de los Caminos de Pasión. Era la Medina Baha en el s. IX. Estuvo bajo el dominio de reino Zirita primero y después del Nazarí. También pasó por el reinado de Fernando III en el s. ZIII, por el del Afonso Xi en s. XIV y finalmente por los Reyes Católicos en el XVI. Es decir, es un lugar influenciado, fronterizo y con un patrimonio enorme. El barrio de la villa de Priego de Córdoba es un laberinto arabesco y blanco de callejas y flores.

14. Castellfollit de la Roca (Girona)

Castellfollit de la Roca. Girona

Fuente: A.S.Floro / Shutterstock

Castellfollit de la Roca es y fue uno de los términos más pequeños de Cataluña. En la actualidad es un pueblo con 1.000 habitantes y 1 km2 de superficie. Está construido sobre un acantilado de basalto, entre los ríos Fluvià y Toronell. Las casas están construidas con piedra volcánica del entorno. El casco antiguo creció, en el s. XIII, limitado por los bordes del precipicio y entorno a la iglesia de Santa Salvador. Las callejuelas, estrechas y umbrías. Las vistas, panorámicas.

15. La Alberca (Salamanca)

La Alberca. Salamanca

Fuente: Lledo / Shutterstock

Casas populares levantadas con la labor de las piedras y entramados de madera. Pocos pueblos se conservan tan bien como La Alberca. La arquitectura popular es una joya conservada no ya en los museos, sino integrada en la vida diaria de los vecinos. Como si nada. En su historia, La Alberca recibió el influjo francés y un estímulo ritual e intenso de la religión cristiana. La Alberca se repobló durante los s. XII y XIII bajo la figura de Raimundo de Borgoña, francés, noble, casado con Doña Urraca. La historia de este lugar es inacabable.

16. Pedraza (Segovia)

Pedraza. Segovia

Fuente: Marques / Shutterstock

Pedraza emerge amurallada sobre un cerro. Desde 1991 está declarada Conjunto Monumental y se ha hecho famosa su fiesta musical celebrada durante los dos primeros sábados de julio: el Concierto de las Velas. Más de 35.000 velas encendidas en la Plaza Mayor, el centro de la vida medieval y moderna del pueblo. En esta plaza, porticada, se encuentran las casonas y palacios de la antigua nobleza de Pedraza. También la iglesia de San Juan Bautista, del s. XIII. Las calles empedradas y la estética general le dan un aire que no sabríamos catalogar: auténtico. No sabemos. En la única puerta de entrada se situaba la cárcel. Los presos serían los primeros en caer (desde la ventana, literalmente) sobre los enemigos.

17. Buitrago de Lozoya (Madrid)

Buitrago de Lozoya

Fuente: ags1973 / Shutterstock

Lo más antiguo de Buitrago es “la villa”, en la zona alta del recinto amurallado. Desde allí, tras los movimientos de repoblación iniciados por Alfonso VI (s. XI), la población creció tanto que se formaron dos arrabales: el del Sur, San Juan; el del norte, Andarrío, al otro lazo del Lozoya. En la Villa había cuatro iglesias, de las cuales se conserva la de Santa María del Castillo, y un Hospital, fundado por el Marqués de Santillana (s. XV). Pocos lugares cuentan con el sistema árabe defensivo tan bien conservado.

18. Peñafiel (Valladolid)

Peñafiel. Valladolid

Fuente: Jose Ignacio Soto / Shutterstock

Peñafiel fue tomada por los árabes en el s. X y conquistada por los cristianos en el s. XI. El horizonte está dominado por un castillo raro y genial dispuesto como un barco lineal sobre el cerro. A sus pies, la villa. Ni más ni menos que el infante Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, tomó posesión de Peñafiel. El núcleo fue próspero: llegó a tener 18 iglesias y a desarrollar un movimiento artístico de primer orden. De su patrimonio quedan la Plaza del Coso, el Castillo, la Torre del Reloj y la arquitectura popular, tan bien conservada, además de cuatro iglesias destacadas.

19. Pals (Girona)

Pals. Girona

Fuente: funkyfrogstock / Shutterstock

Pals es un pueblito encantador de la Costa Brava. Todo su patrimonio se agrupaba en torno al castillo (hoy desaparecido), la villa y las murallas. Callejas estrechas de piedra, pasos arqueados, escalones y flores. Nadie diría que en esta apacible villa que en los siglos XIV y XV una revuelta de campesinos terminó en guerra contra Joan II: el castillo quedó casi destruido y sus piedras se reutilizaron para levantar la iglesia de Sant Pere y las murallas. De Pals se tiene constancia desde el 889, con el rey Odón de Francia. En el s. XI, Pals ya pertenecía a los condes de Barcelona.

20. Alquézar (Huesca)

Alquézar

Fuente: Elzbieta Sekowska / Shutterstock

Podríais suponerlo sólo con la contemplación: al-Qasr, Alquézar, quiere decir “Fortaleza”. Salta a la vista. Como en tantos otros pueblos medievales, primero fue el castillo y a su sombra, en su ladera, crece la villa. El castillo se levantó en el s. IX como defensa contra el condado autóctono y cristiano de Sobrarbe. Sin embargo, pasa a manos cristianas en el s. XI. A medida que los cristianos conquistan territorio a los musulmanes durante la Edad Media, Alquézar va perdiendo importancia y se desarrolla no ya como una fortaleza sino como un centro religioso y comercial. Fue entonces cuando se construyen casas fuera de los muros. Al parecido a la paz.

21. Montefrío (Granada)

Montefrío. Granada

Fuente: Fesus Robert / Shutterstock

Montefrio es un pueblo blanco y precioso de Granada. Corona la villa un Castillo levantado sobre el cerro. El original no existe. Aquel lo mandó construir Abú-Abdalá Jusuf, en plena época nazarí, hacia 1352, para defender el terreno. El lugar lo elegió un experto (alarife) de la Alhambra. Otros monumentos son la iglesia de La Encarnación o el Hospital de San Juan, entre otros. Qué bonito.

22. Rupit (Barcelona)

Rupit

Fuente: funkyfrogstock / Shutterstock

Rupit y Prupit son dos villas medievales de la provincia de Barcelona. Rupit se enclava a 845 m de altitud y Pruit a 950 m. Están encajados en la naturaleza: un río divide el núcleo de Rupit, los bosques lo aislan y las calles empedradas se elevan menos que los árboles. La foto típica se toma en el puente colgante de Rupit. Otro imprescindible es el Salto de Sallent. Y la ratafia de Rupit, un licor típico.

23. Hondarribia

Fuente: oliveiralila / Shutterstock

Fuente: oliveiralila / Shutterstock

Hondarribia (o Fuenterrabía) está en el noreste de Guipúcoa. Es una villa marinera y medieval que emerge en la desembocadura del Bidasoa. Su posición ribereña frente a las costas francesas fue de importancia. Se amuralló la villa, sufrió al menos ocho asedios desde el s. XII al XIX. Cuenta con palacios, casas nobles, murallas, el castillo de Carlos V y el de San Telmo, torreones, plazas, el barrio del Puerto (o de la Marina)… Hondarribia no se acaba.

24. Sigüenza

Fuente: Migel / Shutterstock

Fuente: Migel / Shutterstock

Sigüenza es el pueblo medieval por excelencia de Guadalajara. Durante época musulmana, Sigüenza se dedicó a la defensa: dominó la vida de la villa el Castillo (la alcazaba), sobre el valle de Henares. Los cristianos conquistaron Sigüenza hacia el s. XII, aunque no pacificado.

La villa conserva el trazado medieval y se nota la influencia del obispado durante seis siglos de dominación cultural. Las murallas, la casa El Dondel, la Plazuela de la Cárcel o la Catedral son los principales monumentos de Sigüenza medieval.

Documental sobre ciudades medievales

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